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La famosa “EpiPen” la consabida epinefrina con autoinyector que tantos de nosotros que sufrimos de reacciones alérgicas graves necesitamos, ha estado recientemente en las noticias debido a lo que muchos consumidores han denominado como aumentos de precios escandalosos.

Pues bien, los aumentos sí son escandalosos y los líderes corporativos de los grandes fabricantes farmacéuticos deberían avergonzarse de sí mismos.

Por un lado los entiendo. Sus compañías no son instituciones de caridad. Se trata de compañías mundiales con fines de lucro bajo la constante presión de recompensar a sus inversionistas y complacer a sus consejos de directores. Dicho esto, muchos de nosotros que dependemos de sus productos para vivir no sentimos mucha pena por ellos. Aunque la EpiPen quizás sea el producto farmacéutico que ha subido de precio más recientemente, ni siquiera se acerca a ser el único.

Tome por ejemplo a las personas como yo, que tenemos diabetes.

Tengo que inyectarme insulina dos veces al día (a veces más) para mantener bajo mi nivel de azúcar en la sangre. Si no lo hago, me pueden pasar cosas realmente malas.

Desde que me diagnosticaron diabetes y comencé el tratamiento con insulina hace varios años, he observado un aumento constante en el costo de mis medicinas. Lo que no sabía era qué tan rápido se estaban elevando los costos de la insulina, hasta que recientemente llegó a mis manos un análisis del Journal of the American Medical Association (JAMA). Fue impactante.

Según el análisis de JAMA, el costo de la insulina aumentó a más del triple entre 2002 y 2013, lo cual representa un incremento de $231 a $736 dólares por paciente, se informó en Stat, un sitio web de noticias médicas donde se analizó el informe.

Los aumentos en el precio equivalen a la friolera de un incremento del 197% por un solo mililitro de insulina; al convertir esto en dólares, significa que el mililitro subió de $4.34 a $12.92 dólares durante el mismo período, se reportó en JAMA.

Hace algunos años, Gannett nos asignó a muchos de nosotros aquí en The Californian a un nuevo plan de Blue Shield que tenía un deducible de pago inicial de $1,500 dólares. Recuerdo cuando llegué a CVS a comprar mi insulina y casi me desmayé cuando el farmacéutico me dijo que la caja costaría $640 dólares. Ahora bien, yo tengo un buen empleo y puedo poner comida sobre mi mesa y un techo sobre mi cabeza, que por cierto es bastante cómodo.

¿Pero $640 dólares por una caja? ¡Hágame el favor! Supongo que debería estar agradecido porque solo tengo diabetes tipo II. Si fuera paciente del tipo I y me quedara sin insulina bien podría, ya sabe, morirme.

A partir de entonces configuré una tarjeta de débito de ahorros para gastos médicos y he podido evitar tener otra crisis de desembolso de efectivo.

De acuerdo con Dana Armstrong, directora de servicios endocrinos y para diabetes de la Salinas Valley Medical Clinic, afiliada al Salinas Valley Memorial Healthcare System, los aumentos en los precios de la insulina podrían ser resultado de lo que parecen ser: avaricia.

“… Todavía no tenemos productos genéricos de insulina (en EE. UU.). Hay productos de insulina biosimilares que se consiguen actualmente en Europa y que tienen programado entrar al mercado de EE. UU. más adelante este año. El producto aprobado por la FDA se conoce como Basaglar, y es similar a Lantus (insulina glargina). Durante años hemos visto cómo las compañías farmacéuticas aumentan sus precios poco antes del vencimiento de las patentes y de que los productos genéricos salgan al mercado. ¿Hacen esto con el fin de ganar tanto dinero como sea posible antes de que la competencia entre al mercado? Me pregunto porque me he dado cuenta de que los precios caen y los incentivos aparecen por arte de magia cuando los nuevos productos genéricos entran al mercado”, dijo Armstrong.

La Dra. Dana Kent de la Fundación del Centro Médico Natividad estuvo de acuerdo con su colega.

“Con la insulina, yo creo que se debe a una combinación de factores. No hay insulinas genéricas en EE. UU., a pesar de que la insulina ha existido desde la década de 1920. Cuando han aparecido nuevas insulinas (insulinas humanas en la década de 1970 por medio de ADN recombinante, y después insulinas sintéticas o análogas aproximadamente en la década de 1990) las insulinas anteriores han acabado por desaparecer del mercado. Estas insulinas anteriores se extraían de vacas y de cerdos, y eran baratas. Hubo una fuerte comercialización en favor de los fármacos más recientes con la idea de que ‘más nuevo’ equivale a mejor”, dijo Kent, y agregó que las formas más recientes en Estados Unidos han permanecido caras desde su introducción al mercado.

Comparó lo que está sucediendo aquí con los consumidores activistas de Canadá, que se aseguraron de que una insulina derivada de animales permaneciera en el mercado. Un factor relacionado con esto es que los médicos más jóvenes quizás ya no sepan cómo recetar las insulinas “anteriores”, ya que se han acostumbrado a las más nuevas y costosas.

Un segundo factor es que las compañías que producen las insulinas más recientes han seguido haciéndoles cambios pequeños a los fármacos, han obtenido nuevas patentes por dichos cambios y han prohibido la entrada de un competidor genérico, un proceso de las grandes farmacéuticas conocido como “perpetuación”.

Un tercer factor, reconocido por los defensores de los diabéticos, es que ha habido una falta de interés en la insulina por parte de los fabricantes genéricos, a pesar de que el mercado es potencialmente enorme. “Entre las razones se incluye que es costoso producirla y es caro enviarla (recipientes de vidrio, líquido que requiere refrigeración, una corta vida de anaquel, etc.)”, dijo Kent.

Cuando Kent se refiere a que nosotros, los pacientes diabéticos, formamos parte de un “enorme mercado”, no está exagerando. Los funcionarios del Centro para el Control de Enfermedades de EE. UU. dicen que 29 millones de americanos, o 9.3% del total de la población, padecen alguna forma de enfermedad crónica.

A nivel local, un estudio del Centro para la Investigación de Políticas de Salud de UCLA que se publicó a principios de este año, indicó que al 12%, o a uno de cada ocho adultos del condado de Monterey, se le ha diagnosticado diabetes.

El estudio también indicó que se considera que casi uno de cada dos adultos del condado, o el 45%, se encuentra en un estado “prediabético”. Por último, y esta última estadística tiene mucho que ver con la gente que padece hipertensión, una cuarta parte de la población adulta del condado (aproximadamente 77,000) están clínicamente obesos y tienen un alto riesgo de ser prediabéticos (los expertos de la Clínica Mayo definen así la prediabetes: “Prediabetes significa que su nivel de azúcar en sangre es más alto que lo normal, pero no lo suficientemente alto como para ser clasificado como diabetes tipo II. Sin ninguna intervención, es probable que la prediabetes se convierta en diabetes tipo II en 10 años o menos. Si tiene prediabetes, es posible que el daño a largo plazo causado por la diabetes, especialmente en el corazón y el sistema circulatorio, ya esté comenzando”).

Tengo la esperanza de que el Congreso y el presidente emprendan acciones en contra de una especulación corporativa tan descarada y obvia. Mire, tenemos a montones de personas enfermas aquí que se ven en la necesidad de tomar decisiones realmente malas entre pagar las cuentas, comer y comprar sus medicamentos.

Mientras tanto, mis amigas las dos Danas sugieren pedirle a su médico muestras gratis de insulina, buscar la ayuda de una de las siete clínicas de salud pública del condado y hablar con la gente que pueda ayudarle a encontrar una póliza de seguro barata que tenga un beneficio farmacéutico decente.

Lo que no debe hacer es racionar o dejar de tomar su insulina. Si lo hace, se meterá en problemas, créame.

Y si se queda sin insulina y sin dinero, acuda a una de nuestras tres salas de emergencia para que le ayuden. Ahí recibirá la atención que necesita. No lo rechazarán. No pueden hacerlo porque violarían la ley.

Así que, aunque todavía falta un tiempo para la llegada de las denominadas insulinas “biosimilares” a nuestro mercado y para que con suerte los precios comiencen a bajar, cuente conmigo para continuar reportando y hablando acerca de esta crisis.

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