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La primera generación de graduados de ciencias de la computación que se educó con el programa CSin3 ya está lista, y la cosecha es abundante.

Catorce de los 22 estudiantes del área de Salinas que se graduaron han obtenido ofertas de empleo de alguna de las principales compañías de alta tecnología del Valle del Silicio, así como de firmas agrícolas del Valle de Salinas.

Como lo prometió, CSin3 o (grado de) ciencias de la computación en tres años, está enviando a la mayor parte de su primera cohorte de estudiantes a empleos del siglo XXI.

Por ejemplo:

Maritza Abzun, de 20 años, dejará Salinas para ir a Chicago a trabajar en un puesto de computación para JP Morgan Chase.

Alonzo Mendoza, de 23 años, permanecerá en Salinas y trabajará en Driscoll's, cuya sede está en Watsonville y es uno de los principales productores de bayas del país.

Los exalumnos de la preparatoria North Salinas Monse Hernández, de 20 años, y Brian DeAnda tienen empleos en la firma de tecnología agrícola HeavyConnect de Salinas y en Panafold de San Francisco, respectivamente.

Daniel Diaz, de 21 años, quien trabajó como interno en Uber el verano pasado en San Francisco, aceptó un empleo con la compañía creadora de esa aplicación.

Hoy, ellos forman parte del grupo de 1,900 graduados que participarán en la ceremonia de graduación de la Universidad Estatal de California en la Bahía de Monterey (CSUMB).

Para el programa de CSin3, hay mucho qué celebrar.

En total, 28 de los 32 estudiantes que iniciaron el programa en 2013 se graduarán en menos de cuatro años: 22 hoy, dos en diciembre, y cuatro en la próxima primavera. Cuatro más dejaron el programa por otras actividades.

En sus primeros años, el programa ha dado pasos hacia el Valle del Silicio y ha establecido relaciones con compañías locales para asegurar internados y empleos cruciales para los estudiantes.

CSin3 está creando un grupo de candidatos bien preparados de minorías poco representadas para ayudar a la industria de la alta tecnología a diversificar su fuerza laboral.

“Lo iniciamos y ya pasamos por una cohorte, y esto ha demostrado que podemos cambiar las cosas en todos esos aspectos”, dijo Sathya Narayanan, profesora de CSUMB y codirectora de CSin3.

Mientras trataban de obtener puestos para internos durante el verano, “establecimos relaciones muy buenas con socios de la industria”, dijo Narayanan.

“Tenemos el apoyo de compañías del Valle del Silicio y locales que están trabajando con nosotros porque nos consideran una fuente de talento en reserva que pueden aprovechar y en la que se pueden apoyar”, agregó. “Esas relaciones están rindiendo frutos”.

Entre los partidarios se encuentran Uber, Google, Amazon, Facebook, CIG Insurance y HeavyConnect, que tiene su sede en Salinas.

Las semillas para la creación de un programa de grado de tres años en ciencias de la computación en el que se inscribieran estudiantes de grupos poco representados como los latinos y las mujeres fueron sembradas por el filántropo y rey de las orquídeas Andy Matsui.

Durante años, a través de la Fundación Matsui, ha otorgado millones de dólares en becas a los estudiantes del Valle de Salinas, en particular a los que son los primeros de sus familias en ir a la universidad. Sin embargo, se dio cuenta que algunos de los estudiantes no podían terminar su educación en cuatro años, así que el dinero se acabó.

Matsui presentó su idea de financiar un programa de grado de tres años a los educadores de CSUMB y de la Universidad Comunitaria Hartnell. Las dos escuelas colaboraron con el concepto. Matsui proporcionó el dinero inicial, $2.9 millones de dólares, incluidos $30,000 en becas para los primeros 30 estudiantes.

Para el estudiante Alonzo Mendoza, de la primera cohorte, la beca le abrió el camino del éxito.

“Cuando estaba en Hartnell siempre trabajé de medio tiempo para pagar mi educación... la beca nos permitió enfocarnos en la escuela, no en el aspecto monetario Sin su ayuda (de Matsui), este programa ni siquiera existiría. A menos que uno tenga padres que ganen mucho dinero, lo cual no es el caso de la mayoría de nosotros, uno tiene que trabajar”.

El programa de tres años fue intenso. Reunió a personas con grandes aptitudes en las materias de STEM, pero no todos ellos estaban convencidos de que querían una carrera en ciencias de la computación. Los estudiantes asistieron a clases durante todo el año como una sola unidad. Se les proporcionó un equipo de orientadores, tutores, instructores y otro personal de apoyo.

Incluso con esa gran cantidad de apoyo, hubo momentos de duda.

¿Alguna vez sentiste que te querías dar por vencido?

“Sí”, dijo Alonzo, “en especial al principio. En un par de ocasiones me pregunté ‘¿será esto para mí?’ ¿Me veo a mí mismo trabajando en las ciencias de la computación como mi carrera profesional? Pasé largas noches pensando al respecto”.

¿Tuvieron que sacrificar mucha diversión en los últimos tres años?

“Sí”, dijo José Diaz, de 20 años. “Muchas ocasiones, tiempo con mi familia, citas. Pero creo que todo valió la pena”.

Diaz vive en Seaside y fue reclutado al graduarse de la preparatoria Monterey High. Es hijo de padres inmigrantes mexicanos, y dijo que el viernes se va a tomar unas minivacaciones antes de comenzar a trabajar el 13 de junio en HeavyConnect, una nueva empresa de tecnología agrícola con sede en Salinas.

“Este programa te prepara mucho. Proporciona las bases de lo que se necesita para trabajar para una compañía. Obtuvimos una idea de lo que significa trabajar en equipo, y esa es la forma en que se hacen los proyectos en las compañías de computación”.

CSin3 tiene otras tres cohortes en proceso, dijo Narayanan. “En este momento tenemos la segunda cohorte en CSUMB. La tercera está tomando clases en Hartnell, y algunas en CSUMB”. La cuarta cohorte ya fue reclutada y comenzará en el otoño de 2016.

En total, 127 estudiantes han completado o están inscritos en el programa.

Matsui está comprometido a financiar a los estudiantes hasta terminar la cuarta cohorte. Además, el año pasado CSin3 recibió $5 millones de dólares de los Premios por Innovación en la Educación Superior que inició el gobernador Jerry Brown. CSin3 fue elegible como uno de los cinco mejores programas del estado entre 58 propuestas de 52 colegios y universidades de California.

Mientras tanto, el modelo de aprendizaje en cohortes que se utiliza en el programa está llamando la atención como una forma de promover el éxito de los estudiantes. La primera cohorte comenzó y terminó el programa como un equipo. Asistieron a clases, estudiaron y recibieron orientación y tutoría juntos. Incluso los pocos descansos que tomaron del programa los tomaron en su mayoría juntos, informaron.

“Fue realmente magnífico; éramos el sistema de apoyo mutuo de los demás”, dijo Maritza. “Nosotros fuimos los conejillos de indias. Ahora que nos estamos graduando, realmente no podemos creerlo. Verdaderamente fuimos los pioneros de este programa”.

La confianza y el apoyo que se desarrolló entre los estudiantes no se puede negar, dijo Narayanan.

“Desde el principio nos dimos cuenta del poder del modelo de cohortes”, agregó.

El departamento de ciencias de computación lo implementó.

“En el otoño de 2014 comenzamos un programa similar para los alumnos de primer año que entraron a CSUMB”, informó.

Recientemente, Narayanan y el personal hicieron una presentación acerca de CSin3 ante el consejo de gobierno de CSU, el cual ha mostrado cierto interés en el modelo de cohortes.

Narayanan también considera que CSIin3 es una forma de cerrar la brecha de las oportunidades. Actualmente, los hombres blancos y asiáticos dominan el campo de las ciencias de la computación. Las firmas del Valle del Silicio, que tienen cerca universidades de élite como Stanford y UC Berkeley, casi nunca salen de su zona de confort para conseguir internos e ingenieros. Sin embargo, la industria de la alta tecnología admitió hace mucho tiempo la necesidad de diversificar su fuerza laboral.

Una misión de CSin3 es disminuir ese desequilibrio inscribiendo a latinos y a mujeres en el programa, y prepararlos para competir en el mercado laboral (y para obtener internados) en el Valle del Silicio.

CSin 3 tiene una mezcla de 40% de estudiantes mujeres y más de 80% de estudiantes latinos, dijo la codirectora e instructora de ciencias de la computación de Hartnell Sonia Arteaga, quien es exalumna de UC Santa Cruz, es la primera de su familia en ir a la universidad, y además la primera en obtener un doctorado.

Arteaga dijo que el CSin3 muestra que “cualquiera puede graduarse en tres años, siempre y cuando estén dispuestos a hacer el esfuerzo”.

Por supuesto, el personal del programa quiere enfocar la atención en los estudiantes y sus logros. Sin embargo, es necesario hacer mención de la cohorte de instructores y tutores.

“Trabajamos como una sola unidad para lograr el éxito de los estudiantes”, dijo Narayanan. “La forma en que Hartnell y CSUMB han trabajado juntos en un espíritu de colaboración, enfocados en un objetivo en común y sin distraerse con ninguna otra cosa, esa es la estructura que hizo que esto fuera posible”.

En cuanto a los estudiantes de la primera cohorte, viendo al pasado:

“La parte más difícil del camino fue aceptarme a mí mismo como un científico de computación, dijo Alonzo, quien se dedicará a diseñar sitios web y a desarrollar software para Driscoll. “Al entrar al programa tenía poca idea de lo que eran las ciencias de la computación, y la primera parte fue muy difícil. No sabía qué hacer ni qué esperar. Pero al pasar el tiempo comencé a agarrarle la onda. Ahora realmente lo disfruto”.

Maritza dijo que los tres años pasaron rápidamente. Su consejo para las cohortes que siguen: “Se requiere un trabajo duro y dedicación. No tomen la carga de trabajo a la ligera. Es un proceso. Tienen que estar completamente comprometidos. No solo obtendrán algo para ustedes mismos, sino que la escuela y la comunidad también recibirán algo”.

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