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Para convertirse en ciudadanos americanos, a los candidatos se les hacen 10 preguntas orales. Después de contestar la primera correctamente, a Zoila Reyes, residente de Salinas, la felicitaron y le dijeron que había aprobado.

“Salté de la silla”, dijo.

El jueves tomó el juramento de ciudadanía en Asilomar junto con otros 100 nuevos americanos, incluida Dina Yap, residente de Salinas, una enfermera filipina que trabaja en el Centro Médico Natividad.

Las mujeres de Salinas se unieron a otras 75 personas durante una ceremonia de toma de juramento para la ciudadanía que se llevó a cabo el jueves en Asilomar. Formaron parte de un grupo de más de 4,000 personas que se convirtieron en ciudadanos americanos en más de 50 ceremonias de naturalización que se llevaron a cabo por todo el país, como parte de la celebración anual del Día de la Independencia que organiza el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de EE. UU.

La decisión de convertirse en ciudadana

Aunque el viaje emprendido por Reyes desde El Salvador fue difícil en 1994, convertirse en ciudadana americana fue sencillo una vez que tomó la decisión de obtener la naturalización, dijo.

Su esposo Agustín, quien trabaja como mesero, se convirtió en ciudadano hace cinco años.

El año pasado, la madre de Reyes se convirtió en ciudadana y urgió a su hija a que hiciera lo mismo.

“Tienes que hacerlo”, le dijo su madre. “Eres elegible”.

Viaje desde El Salvador

Venir a Estados Unidos no fue idea de Reyes, informó.

Ella quería obtener su educación en El Salvador y convertirse en ingeniero en computación.

En lugar de eso, se casó con Agustín y lo siguió hasta California cuando estaba embarazada de su primer hijo.

Le gusta vivir aquí.

“Es difícil volver a tu país”, dijo. “Si trabajas y te cuidas, puedes tener una gran vida (aquí)”.

La pareja cruzó ilegalmente a Estados Unidos en el remolque de un camión que transportaba alimentos. La gente que iba apiñada hacia el frente apenas podía respirar, dijo Reyes.

Nadie murió, pero varias personas perdieron el conocimiento.

“Golpeábamos las paredes del remolque, pero el conductor no quería abrir la puerta”, agregó.

Residencia legal

Para cuando llegaron a Monterey, su padre ya era ciudadano de EE. UU. y les ayudó a solicitar permisos de trabajo. Le dijeron que iba a ser un proceso largo, de aproximadamente 10 años.

Así que 10 años y dos hijos después, se convirtió en residente legal y obtuvo una licencia de conducir y un permiso de trabajo.

“Toda mi familia está aquí”, dijo. “Y la familia de mi esposo también”.

Reyes no ha regresado a El Salvador desde que llegó a California en 1994. Cuando sale de viaje va al este porque su madre, abuela y tres hermanos viven en Maryland.

La familia de su esposo vive cerca, en el Área de la Bahía.

Pasarán el 4 de Julio con los familiares de su esposo cuando termine su turno como ayudante de enfermera en Carmel Valley Manor, donde trabaja cuatro días por semana.

En este día festivo, Reyes lleva a sus hijos a que le ayuden a servirles una comida de BBQ a los residentes para celebrar el 4 de Julio.

“Se vuelve un día muy especial”, informó.

El idioma

Reyes no podía hablar inglés cuando llegó a Estados Unidos. Recuerda que lloraba mientras trataba de leerle un libro a su primogénito Diego.

Cuando vivía en San Miguel, El Salvador, le ayudaba a la gente que no sabía leer o escribir español y a veces los acompañaba al banco o a otros lugares comerciales.

En Estados Unidos, ella era la que necesitaba ayuda.

“Me sentía como uno de ellos”, dijo. “No podía depender de mí misma”.

Pero no se dio por vencida. Siguió leyendo libros para niños y aprendió inglés aproximadamente en dos años.

Su hija Ilda, de 16 años, dice que está orgullosa de que su madre se haya convertido en ciudadana americana.

“Estudió mucho”, agregó. “Si trabajas duro, definitivamente puedes hacer lo que sea”.

Reyes, de 43 años, dijo que no es demasiado tarde para obtener su educación universitaria en la Universidad Comunitaria Hartnell, a donde asiste su hijo Diego. Se está inclinando hacia el trabajo social porque ve que existe la necesidad de contar con trabajadores sociales bilingües.

Sin embargo, por ahora pospondrá su educación porque dijo que no quiere perderse los eventos deportivos de sus dos hijos más jóvenes mientras asisten a la escuela.

“Mi familia es la prioridad”, informó.

Responsabilidades como ciudadana americana

Una de las cosas más importantes que Reyes quiere hacer una vez que se convierta en ciudadana es ejercitar su derecho a votar.

“Ahora tengo voz”, dijo.

Con esa voz le gustaría motivar a otros inmigrantes a que se conviertan en ciudadanos americanos, informó.

Dina Yap, de 54 años y residente de Salinas, tomó el juramento de ciudadanía junto con Reyes.

Lo que ella desea es ejercer la responsabilidad cívica de participar en un jurado. Muchas veces desde que se mudó a Salinas ha recibido citatorios para ser jurado en el correo, pero tuvo que rechazarlos porque no era ciudadana americana.

“Participar en un jurado es algo muy importante para mí”, agregó.

Viaje desde Filipinas

Yap nació y se crió en Manila. Varias veces viajó a visitar a sus padres en Salinas antes de mudarse aquí en 2006.

En Filipinas era dentista, pero su prima Lina Lozada, quien vive en Salinas, le dijo que se necesitaban enfermeras en California.

“Aproveché la oportunidad”, informó. “Es difícil llegar aquí a menos que tengas una carrera”.

Así que Yap estudió para convertirse en enfermera y aprobó los exámenes del Consejo Nacional de Juntas Estatales de Enfermería para California en 2004 en Hong Kong. Así que distribuyó a sus pacientes entre otros dentistas y se preparó para dejar el país.

En 2006, Windsor Gardens Rehabilitation Center, un centro de enfermería especializada de Salinas, la patrocinó.

“Me aceptaron de inmediato”, dijo.

Se mudó a Salinas, dejando en Filipinas a su esposo y a dos hijos, uno de ellos de 10 años. Siete años después pudieron unirse a ella. Solo se habían visto durante sus visitas anuales de un mes a Filipinas y por Internet.

“Los veía en la computadora”, dijo.

Empleo

Yap trabajó en Windsor Gardens durante un año y medio antes de ser contratada por el Centro de Rehabilitación Intensiva Sam Karas del Centro Médico Natividad.

“Amo lo que estoy haciendo”, dijo. “Veo los cambios en cada paciente cuando salen de este lugar”.

Yap les enseña a los pacientes que han sufrido traumatismos y accidentes cerebrovasculares a usar su lado bueno.

Su supervisora, Rose Herrera, dijo que está contenta de que Yap se haya convertido en ciudadana americana.

“Será muy valiosa”, agregó.

El esposo de Yap desde hace 26 años, James de 51 años de edad, se mudó a Salinas con el hijo más joven de la pareja, Jan Estefano, quien ahora tiene 20 años, en julio de 2013. El hijo mayor, Juliandino, quien ahora tiene 25 años, los siguió en noviembre de ese año.

Yap estuvo alejada de su familia durante casi ocho años.

“Mi esposo estaba muy triste”, dijo. “Pero aguantamos”.

La tierra de los sueños

Estados Unidos es la tierra de los sueños, informó.

“Tienes libertad de expresión, para votar y para escoger a tu presidente”, agregó.

Yap también agradece la libertad de religión que hay en Estados Unidos, ya que ella es católica y su esposo es Bautista.

“Tienes libertad para escoger tu religión”, informó. “No te predispones con la religión”.

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