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Melissa Rivers quiso reír y que sus lectores también lo hicieran.

Misión cumplida, gracias a su exitoso libro de memorias “The Book of Joan: Tales of Mirth, Mischief and Manipulation” (Crown Archetype). Es una emotiva, reveladora y sobre todo graciosa oda a su madre, Joan Rivers, quien murió el pasado septiembre a los 81 años por complicaciones de una cirugía menor de la garganta.

El libro está libre del dolor y la indiscutible ira de la hija (Rivers presentó una demanda de negligencia contra la clínica de Manhattan donde su madre sufrió lo que ha descrito como una incompetencia “impactante, francamente casi incomprensible”). La autora lo abordó de forma desenfadada, afectiva y chistosa.

“Escribir me dio permiso de reír y bromear, y un lugar seguro para hacerlo”, dijo Rivers, quien, aun tambaleándose por la pérdida, se puso a trabajar con el coescritor Larry Amoros, un viejo amigo de la familia y escritor para Joan, que pudo añadir su propia provisión de remembranzas.

“Quisimos titular el libro ‘Más barato que ir a terapia“’, dijo Rivers, “pero nos dio miedo que lo pusieran en la sección de autoayuda en las librerías”.

En las primeras páginas, Rivers intenta resumir a su diminuta, directa y magnética progenitora: “Mi madre fue comediante, actriz, escritora, productora, joyera, fabricante de baratijas, vocera, modelo de mano, ganadora de ‘Celebrity Apprentice’ y una especie de embajadora de buena voluntad autoproclamada para los 27 países del tercer mundo que no sabían que tenían una embajadora de buena voluntad”.

El libro saluda un concepto temprano presentado a la editorial: una colección de “Lecciones que aprendí de mi madre”. Era una idea a la que Rivers se opuso. “No sé si la gente querría seguir ESOS consejos”, dijo riendo.

Sí, había método en la locura de Joan, pero formuló las sustentaciones lógicas de quien no siempre respondía a la lógica.

Joan sobre el matrimonio: “A tu padre no le importaba si me iba a la cama enojada. Le importaba si me iba a Bergdorf enojada”.

Joan sobre la cirugía plástica: “Mejor una nueva tú bajando de un auto viejo que una vieja tú bajando de un auto nuevo”.

Rivers, ahora de 47 años, creció muy unida a sus dos padres.

“La gente siempre decía que yo me parecía mucho más a mi papá (el productor de cine y TV Edgar Rosenberg) que a ella, y ellos tuvieron un matrimonio exitoso. Quizás por eso fuimos tan unidas”.

El dolor de la pérdida está siempre presente en la vida de Rivers. La muerte de su madre es demasiado reciente mientras que a su padre, quien se suicidó en 1987, lo sigue extrañando tres décadas después.

Pero en su libro, la muerte es presentada en términos irónicamente graciosos.

“No sé, ni pretendo saber, qué nos espera después de la muerte”, escribe Rivers. “Nadie realmente lo sabe excepto la muerte, y ella no está hablando (al menos no a mí, pero tengo AT&T: apenas y logro hablar por teléfono con los vivos)”.

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